Desenmascaremos una dieta milagro más: Dieta paleolítica

dieta paleolítica

Una de las dieta más populares en nuestro país durante años ha sido y es “La dieta Paleolítica o del Origen”. Esta es muy justificada por aquellos que la siguen y la respaldan, ya que su creencia reside en que no son comparables los hábitos alimentarios de hoy con los de la Edad de Piedra. Llegó la hora de la #nutridiscordia!

La ideología que proponen consiste en comer aquellos alimentos que ya existían en el Paleolítico justificando que la selección natural no ha tenido tiempo para producir las adaptaciones genéticas necesarias para asimilar los cambios producidos en la dieta humana.

El primero en popularizarla fue el gastroenterólogo Walter L. Voegtlin basando sus teorías en que:

  • “Una alimentación basada en carne, pescado, verduras, frutas y frutos secos, previene las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, además de tener un efecto beneficioso sobre la obesidad, problemas digestivos, problemas óseos, entre otros”. Cierto, pero no nos olvidemos de algo imprescindible: los cereales y sus derivados, las legumbres y los tuberculos. Sin ellos también favorecemos otras enfermedades.
  • “Los cereales, las legumbres y las patatas comparten características tipo: son todos tóxicos, tienen un elevado índice glicémico, son bajos en vitaminas, minerales y antioxidantes”. Cuando dicen “tóxico” suponemos que quieren decir sustancias antinutritivas, es decir, que afectan a la capacidad de absorción de determinados nutrientes. Dicho término no debe confundirse con tóxicos, sustancias exógenas que al ser introducidas en el organismo producen alteraciones funcionales del mismo.

¿Qué alimentos se deben o no consumir en esta dieta paleolítica?

  • No se debe comer: cereales incluyendo el pan, pasta, fideos, legumbres, patatas, productos lácteos, azúcar y sal.
  • Se debe comer: carne, pescado, huevos, fruta, verdura, frutos secos (excluyendo cacahuetes y anacardos), bayas (fresas, arándanos…).
  • Aumentar el consumo de: verduras de raíz (zanahorias, nabos, remolacha, chirivías…) y órganos.
  • Recomendaciones: realizar únicamente tres comidas al día, beba sólo cuando tenga sed.

¿Que nos aporta nutricionalmente esta dieta?

En términos generales esta dieta paleolítica puede aportarnos unos 50-55% del valor energético total procedente de las proteínas tanto animales cómo vegetales, un 15-20% de hidratos de carbono y 25-30% de grasas. Como se puede ver, estos valores están invertidos alejándose bastante de lo que es una dieta equilibrada.

Además fomenta hábitos alimentarios incorrectos como la distribución de las comidas (justificando que es mejor comer pocas veces pero con mucho apetito), diferenciar entre verduras, no potenciar el consumo de agua, excluir alimentos imprescindibles para el correcto desarrollo del organismo… y así hasta completar una larga lista.

¿Qué riesgos tienen las dietas sin carbohidratos?

Cada grupo de nutrientes tiene una función específica en el organismo y los hidratos de carbono se encargan principalmente de aportarnos “combustible”, o sea, energía a las células. Este nutriente se encuentra principalmente y en diferentes proporciones en los cereales, pan, pasta, azúcar, miel, melazas, legumbres, frutas y verduras.

Cuando se produce un déficit en el aporte de hidratos de carbono, ésta situación lleva al organismo a un estado de estrés que se conoce por el nombre de “cetosis”. En ese estado, al no existir glucosa disponible en el torrente sanguíneo, el organismo activa las vías de la neoglucogénesis fabricando glucosa a partir de proteínas y lípidos.

Este proceso lleva a una sobrecarga del hígado que es quien asume la tarea de transformar las proteínas y las grasas en glucosa, generando en ese proceso una importante cantidad de sustancias de desecho (cuerpos cetónicos). Esta cantidad debe eliminarse por la orina, por lo que se necesita más agua para diluirla, y el volumen de orina a excretar aumenta y sobrecargándose también los riñones.

De hecho, la pérdida de agua en estados de cetosis es tal que en estas dietas es imprescindible tomar un suplemento de cloruro sódico -sal, que ayuda a retener más agua- para evitar tanto la deshidratación como un desequilibrio electrolítico por la excesiva pérdida de agua y sales minerales. Así mismo se toman suplementos de otras vitaminas y minerales.

Conclusión

Debemos ser objetivos y observar que no deja de ser una dieta hiperproteica más, exenta de carbohidratos, con una creencia aferrada a tener una historia que la respalde y poder justificar así el seguimiento de esta dieta. Aunque en sí, es una dieta milagro más con buen marketing.

No podemos creer en este tipo de dietas que fomentan hábitos alimentarios incorrectos y crean falsos mitos alimentarios, que nos vemos obligados a desmentir día tras día; y menos respaldando historias en las que no se tiene en cuenta la evolución de la humanidad hacia nuevos fines.

Es recomendable que antes de iniciar este tipo de dietas -totalmente desaconsejadas por los profesionales de la nutrición- se busque un poco de información sobre ellas. Seamos realistas: existen miles de publicaciones que demuestran la inefectividad y los riegos que tienen estas dietas, y otras mil mas sobre cómo perder peso de forma adecuada y saludable siguiendo una dieta equilibrada.

Una reflexión final: si a usted se le estropea el coche, ¿lo lleva a un mecánico o a un carnicero? Pues si quiere perder peso, acuda a un profesional.

Lectores, infórmense, que el saber no ocupa lugar…

Imagen: el Bibliofilo Enmascarado

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